Sábado 19 de Abril, 2014
 
 

Guadalupe Alejandre, Presidenta y Fundadora de AMANC



Los días de Guadalupe Alejandre  transcurrían entre su trabajo en el aeropuerto internacional de Ciudad de México, como coordinadora de la sala VIP, su familia y su labor como madre de Pablito. Un día, en el año de 1982, su vida dio un giro de 180°. El doctor del pequeño Pablo, le comunicó que éste padecía leucemia. Ahí empezó un doloroso peregrinar, que meses después del fallecimiento de su hijo culminó en la creación de de la Asociación Mexicana para Ayuda a los Niños con Cáncer (AMANC).

Cuando Guadalupe Alejandre Castillo tuvo por primera vez contacto con el Instituto Nacional de Pediatría, para hacerle unos estudios a Pablito, se topo cara a cara con la tragedia que viven los niños con cáncer. Fue  entonces que vio como los padres de estos pequeños dormían en la banqueta, en el suelo de las salas de espera del hospital  esperando la hora de visita para ver a sus hijos afectados por el mismo mal.

"Estaba horrorizada por las condiciones miserables en las que los niños del interior de la república, principalmente, pasaban la noche en el hospital antes de someterse a quimioterapia", dice Guadalupe Alejandre.

Aunque el cáncer es reconocido oficialmente como la cuarta causa de muerte más común en los niños, en México, sobre todo en aquel entonces, no había centros  para el tratamiento de los pacientes y sus familias.

“Cuando Pablito murió, después de la etapa de enojo, negación y profundo dolor decidí traducir mi sufrimiento en un solo objetivo: ayudar a todas esas familias que sufrían en silencio la enfermedad de sus pequeños”.

Fue entonces que se dio a la tarea de formar una organización para ayudar a toda esta gente.  Pensó en una asociación. Sin fines de lucro, que fuera el medio para ayudar. “Hablé con los padres de otros niños enfermos y con el médico de mi hijo y, a través de ellos, encontré la ayuda inicial necesaria para  formar AMANC”, continúa.

La Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer  comenzó a pequeña escala. Guadalupe compartía los medicamentos caros de su hijo con un joven cuya familia no tenía dinero para comprarlos.

“En un principio empezamos a trabajar en mi  casa, ahí fue donde nacieron los objetivos de la organización: ofrecer la quimioterapia a todos los niños que lo necesitan, proporcionar vivienda adecuada para ellos y sus familias cuando, desde cualquier punto de la república,  vienen para tratarse a la ciudad de México, y apoyo psicológico. También nos pusimos el objetivo de fomentar la investigación de esta enfermedad”.

Al inicio de su labor, la señora Alejandre se topó, entre otras muchas cosas, con la circunstancia de que en México no había el suficiente abasto de medicinas para los niños con cáncer.  “Contacté con especialistas en  Estados Unidos y pudimos importar los medicamentos necesarios para la quimioterapia; pero todo esto costaba mucho dinero”.

Fue entonces cuando estableció un acuerdo con el gobierno que le permitió ofrecer reducciones de impuestos sobre donaciones. Desde entonces, Guadalupe estableció una estructura organizada a través de la cual recauda fondos de las empresas, de particulares y de organizaciones benéficas Ella mantiene los donantes bien informados de su trabajo a través de un boletín de patrocinio comercial, que también aumenta la conciencia de la lucha contra el cáncer en los niños.

AMANC hora tiene sus propias oficinas y una plantilla de más de diez empleados. Las donaciones han permitido a la organización  financiar la beca AMANC, un premio diseñado para fomentar la investigación médica sobre el cáncer infantil con anterioridad, investigación que no existía en México.

Además, ahora tiene un albergue  por el rumbo de Tlalpan donde recibe a los niños que van a sus tratamientos y no tienen dónde alojarse, en el cual les proporciona, a ellos y a un familiar, tres comidas al día, transporte hacia y desde el hospital, apoyo psicológico a través de la terapia de grupo, escuela SEP y talleres de desarrollo humano.

Sin embargo, y no obstante todo lo que ha caminando AMANC a lo largo de sus casi 30 años de vida, Lupita reconoce que no es nada fácil que la gente se solidarice con el sufrimiento que genera el cáncer en las familias, pero que a base de lucha y mucho empeño está segura que logrará, junto con su equipo de trabajo, incrementar los más de 20 albergues que en la actualidad tienen en varios estados de la república –Michoacán, Guerrero, Veracruz y Guanajuato, entre otros-, y concientizará a todos aquellos que se interesen por donar, aunque sea 100 pesos para que: “Ningún mexicano menor de 20 años con cáncer, de escasos recursos económicos y sin seguridad social, carezca de los apoyos óptimos para superarlo”.

www.amanc.org



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