Jueves 31 de Julio, 2014
 
 

Caries y obesidad, enfermedades que coinciden



Tanto la caries dental como la obesidad infantil tienen factores de riesgo en común. Por ejemplo, malos hábitos alimenticios, y nivel socioeconómico y cultural, entre otros. El punto de encuentro es una alimentación rica en azúcares –sobre todo de bebidas y alimentos chatarra–, que ayudan a las bacterias en la tarea de corroer el esmalte y, al mismo tiempo, favorecen la obesidad.

Además, la mala higiene dental, la ausencia de flúor y la propia genética, provocan, como ha sido demostrado, la aparición de caries en niños y, si a esta situación se agregan factores como el sedentarismo por falta de ejercicio físico o el pasar muchas horas frente al televisor o la computadora, el resultado final es la aparición de caries dental y obesidad.

El problema principal de la caries dental y la obesidad infantil radica en la falta de prevención y detección temprana. Podría parecer imposible que un bebédesarrolle tal problema, ya que siempre lo asociamos a niños mayores o adultos, con lo que las visitas al dentista infantil o al pediatra se demoran hasta que, a veces, resulta demasiado tarde.

Los médicos generales a menudo no reconocen los primeros síntomas de esta asociación, en parte porque tampoco es su labor (ésta correspondería a pediatras y dentistas infantiles). Por lo que se debe crear conciencia en médicos generales y toda la población para alertar sobre esta situación. Los bebés y niños pequeños tienen una gran probabilidad de desarrollar caries también en sus dientes definitivos, y si se agrega el problema de sobrepeso, que sin la atención pertinente se convertiráen obesidad, el resultado es un problema bastante grave.

 

Obesidad infantil

Es la acumulación excesiva de grasa corporal, fundamentalmente del tejido adiposo (grasa), sobre el cual se observa un aumento mayor a 20% del peso corporal ideal, según edad, talla y género del individuo.

Para calcular el peso ideal de un niño entre dos y seis años de edad –de manera aproximada–, hay que multiplicar la edad en años por dos más ocho. Ejemplifiquemos con un niño de cuatro años: se multiplica la edad (4) por 2 y se suma 8, y obtendremos 16 kg: es decir, 4 x 2+8=16. Conviene precisar que este método no es exacto, sin embargo, es útil para hacer un cálculo rápido. Por supuesto, hay un método que recurre a indicadores más precisos, como el índice de masa corporal (IMC), el cual equivale a peso/talla (kg/m2), y se apoya en tablas de valores específicos.

La mayoría de las veces se hace a un lado la importancia de esta condición que se atribuye sólo a la falta de voluntad de las personas obesas para controlar su apetito, pero la obesidad es una enfermedad muy compleja, de larga evolución y relacionada con diversos factores como hábitos alimenticios inadecuados, falta de ejercicio, problemas de conducta, nivel cultural, estrato socioeconómico, trastornos genéticos y/o metabólicos, asícomo la ingesta de fármacos que propician la acumulación de grasa y, en algunos casos, a enfermedades endocrinas. En cualquier caso, este problema suele iniciarse en la infancia y la adolescencia.

 

Niños con sobrepeso

Para muchas familias, el tener un hijo gordito es todo un logro, un indicador de que está lleno de salud; criterio equivocado, según los especialistas en nutrición infantil, pues lo que importa no es si el niño está gordo o delgado, lo verdaderamente importante es que esté sano; por lo que surgen las preguntas, ¿cuánto debe comer un niño? y ¿qué debe comer? La respuesta para la primera cuestión es que no existe una cantidad exacta de comida que deba ser consumida, ya que cada niño es diferente y sus necesidades son muy particulares. La respuesta a la segunda pregunta es: los niños deben comer de todo, pero de manera balanceada y en su justa medida, es decir, sin abusar de determinados alimentos; lo conveniente es dosificar y administrarlos de manera conveniente y balanceada.

 

Fuente: Revista Ciencia y Desarrollo del Conacyt.


  





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